Tormenta de palabras II
Agosto. Y, ni corto ni perezoso, me despeino, desatezo, desparafíno y barbeo para gozar del tránsito por esa libertad mugrienta. Y en ese lapso de olvido, impregnado de sudor y harapienta soledad, espero la señal, lejana, mundana, extraordinaria, de la Musa. Juno, Venus: las curvas que adora el mundo. Las adora mientras los juglares de otros tiempos expulsan al aire los cánticos de otros tiempos. Amor: no te demores en aparecer. Surge, surge, amica mía. Sí, hazlo: de una calabaza, como última baza. Hazlo de la nada misma, como si estuvieras hecha de miel y esencias. Como si fueras un perfume que se diluye en el aire. Canta Musa, en la entrada del templo de la Buena Diosa. Venus, Juno: en esas curvas me quiero marear, perder, desorientar. Tormento de la mente atormentada en medio de una tormenta de romero y menta. Pasión y confusión. ¿Cuándo descenderás entre los mortales, de nuevo? ¿Cuándo dirás, cuándo callarás? ¿Cuánto amor en vano, cuánto caudal derramado, cuánto delirio sordo, murmullo como un tordo gordo en un árbol pardo? Miserias de la vida, mi vida, ésa que no espera siquiera al pasajero en la estación, que pasa de largo, me piro, madame.
Y en ese tránsito, suspiro letal, rápido, me esfumo como un insecto, desinfecto, afecto. Necesito de vos, madame. Como el pico la lombriz, como la sombra la oscuridad, como un yonqui la metadona. Surge, surge, Nicra Sum. Morena negra, salada sazonada. Surge de esas sombras y materialízate. Hazlo, aunque sea con un mohín de nariz; deja una huella de hollín sobre la acera, un rastro de cera, un juego de señales, postales, portales. Déjame seguir tu rastro hasta el lugar -templo sagrado- donde te hayas. Diosa: sé condescendiente con este pequeño mortal que desea más de su frágil vida. Desea y sueña con vos, madame, mi Buena Diosa. Gloria, Patria, Madre, Dios.¿Qué me importa todo ello si existís vos? ¿Qué otro alto don puedo esperar que no sea vuestro amor? Hierático, apóstata pagano: así me siento adorándoos, madame, en la noche sigilosa, bajo mi losa porosa. Así claman mis lamentos, tormento, como un filamento que se extingue, en una cueva en medio de esa luz oscilante, agonizante. Muero si no surgís de mi memoria, si no os hacéis visible, abracadabra pata de cabra. Nicra Sum, arnica mía.
Y en ese tránsito, suspiro letal, rápido, me esfumo como un insecto, desinfecto, afecto. Necesito de vos, madame. Como el pico la lombriz, como la sombra la oscuridad, como un yonqui la metadona. Surge, surge, Nicra Sum. Morena negra, salada sazonada. Surge de esas sombras y materialízate. Hazlo, aunque sea con un mohín de nariz; deja una huella de hollín sobre la acera, un rastro de cera, un juego de señales, postales, portales. Déjame seguir tu rastro hasta el lugar -templo sagrado- donde te hayas. Diosa: sé condescendiente con este pequeño mortal que desea más de su frágil vida. Desea y sueña con vos, madame, mi Buena Diosa. Gloria, Patria, Madre, Dios.¿Qué me importa todo ello si existís vos? ¿Qué otro alto don puedo esperar que no sea vuestro amor? Hierático, apóstata pagano: así me siento adorándoos, madame, en la noche sigilosa, bajo mi losa porosa. Así claman mis lamentos, tormento, como un filamento que se extingue, en una cueva en medio de esa luz oscilante, agonizante. Muero si no surgís de mi memoria, si no os hacéis visible, abracadabra pata de cabra. Nicra Sum, arnica mía.



